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viernes, 8 de julio de 2016

No Sé Vivir ( vigésimo séptimo dominical 2.016)



A Mis Amigos A los De Ahora




“Saber vivir”, la frase cumbre de los abuelos, la nota máxima que se alcanza en la escuela de la vida, para ganar el reconocimiento de estar vivos y poder contar la historia…

Hace menos de dos décadas, en la época del “apogeo” (momento histórico de tope del poder de la cultura del narcotráfico o mafiosa), en Cartago Valle, en el corazón de uno de los carteles del hampa más reconocidos, el mal llamado cartel del Norte del Valle.

Aquí, se desarrolló una historia que lleva la impronta de lo inenarrable, de pena-de ‘vergüenza colectiva’-.

Es una realidad que se evadió y huye pasando de cara en cara y generación en generación en la sociedad, fue generada por la gran cantidad de talento y capital humano de Cartago, en medio del conservadurismo fascista que sintió celos de tan grandes hombres de trabajo, de “suertudos” forjados en el momento exacto de oportunidad colectiva, después de la época genérica de “la violencia” que vivió esta tierra. 

"La época de la violencia, fabricada por el mismo conservadurismo fascista portador de formulas de desapego social, quiebre moral de la sociedad, qué trastocó los valores fundamentales de convivencia; en simple “apogeo” de conseguir todo con la plata proveniente del narcotráfico y ahora con el dinero de la corrupción política, qué maneja micro tráfico y usura gota a gota. 

En aquellos días, años antes de finalizar el siglo pasado, los amigos dejaron de ser amigos y  se convirtieron en miembros de las «"AUC", cómo dicen ellos mismo, “estos manes ahora son todos unos demonios”[sic]».

La “historia de amor” de Richard Clayderman,  llenó con su estridencia la hora de pasar del carro recolector de basuras. Cambiamos de comprar credenciales de amor, es decir: tarjetas personalizadas de sentimientos,  a requerir "el amor por catálogo. Debo aclarar que nunca pertenecí, ni fui aceptado en la 'lógia atrapa bobos', editora de los catálogos. 

La sociedad desde aquellos días es socia, cómplice y malhechora. Las fuerzas vivas son ahora fuerzas muertas para la aniquilación de todo vestigio de “el sueño Colombiano de pujanza”

Perdimos todo, pero no el origen, un valor que no cambió, del cuál no me avergonzaré, -he sido precedido por raíces de  “los nacidos manicruzados”-, en pobreza,  pero rodeados de exuberantes paisajes, con la única oportunidad de tener  necesidad de trabajar desde niños. Esto forjó una generación del ‘sueño Colombiano de pujanza’, la tierra comprometida con su misión, el don comprometido con su palabra de amar el paraíso del trabajo;  insumo principal para salir adelante en  “la tierra donde brota leche y miel”.

Con el acontecer de “la violencia”, “el apogeo” y ahora “la corrupción” los valores humanos como la amistad  podrían definirse cómo ‘la búsqueda nula de reclamaciones’ tal vez un requerimiento impoluto de humanidad, sin brillos propios del género humano, sin sudor qué es muestra de vida, sin genialidad de la interpretación o la improvisación al interactuar, sin ejemplo de vida, sin autenticar el sacrificio silencioso de los valientes de corazón y sin vivir para crear una obra beneficiosa para toda la humanidad.

Es decir, pedimos mucho de los demás y no damos nada, no aceptamos a las personas como son. Despreciamos los errores y los más auténticos y hermosos defectos de la existencia humana, cambiamos nuestra propia anatomía, el propio ‘yo’ él espejo del otro, negando la misma especie, en nosotros mismos.

Esa actitud frente a los demás y un mal saber ser y querer , es conservadurismo fascista, culpable de “la violencia”, “apogeo” y “corrupción”.

La corrupción es el  reto más grande, qué tiene la humanidad, es vencer al Estado desde el propio Estado por significar políticas anti-humanas. Somos gobernados por sátrapas hedonistas, que buscan sumisión en sus gobernados, utilizando todo el engranaje estatal para eliminar sistemáticamente, cualquier atisbo de resistencia. Sólo sirven los que piden compasión y practican las maníacas formas de gobernar y ser gobernados con flagelos sociales. 

Mi resistencia en aquellos aciagos y atribulados años, fue -‘me hago matar - en este punto de mí vida, descubrí; no saber vivir.

Jorge Enrique Moncada Angel 
@JorgeEMoncadaA 


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